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 “Conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses”, esta era una de las famosas sentencias que ilustraban la entrada al Oráculo de Delfos y que Platón puso en boca de Sócrates en uno de sus diálogos. Esta frase encierra una gran sabiduría y deberías recordarla siempre. Vamos a ver cómo la puedes aplicar cuando estás empezando a pensar en tu futuro.

Primero, y más importante de lo que puede parecer, tienes que decidir qué significa para ti el éxito. Dedica tiempo de calidad a reflexionar seriamente sobre este punto y te ahorrarás muchos sinsabores. No es lo mismo suspirar por unos ingresos holgados, que por un trabajo donde dejar huella que por una libertad horaria o geográfica.

Busca tu motor.

Segundo, identifica qué es aquello a lo que encantaría dedicar muchas horas de tu tiempo. La jornada laboral vigente es de 40 horas semanales, tantas como las que deberías dedicar a dormir. Hasta que no empiezas a trabajar no eres capaz de calcular la magnitud de ese tiempo. Es crucial encontrar una tarea que te guste desarrollar. Será la única forma de no vivir tu trabajo como una condena.

Halla tu pasión.

Tercero, comprométete contigo mismo a ser cada día mejor en tu materia. Que la búsqueda de excelencia suponga para ti un estímulo y un incentivo simultáneamente. Tanto los estímulos como los incentivos son la gasolina del progreso. Cuídate de tener dentro de ti un buen huerto de ambos.

Y prende tu mecha.

Si te fijas, seguir estos en apariencia sencillos pasos solo es posible si cumples la primera parte del aforismo que encabeza este post. En cuanto satisfagas esa premisa, se cumplirá la profecía que promete la segunda parte.

No es fácil encontrar el éxito pero el camino se allana si empleas la estrategia correcta.

Mucha suerte.